El tiempo fuga

Y no sabes de qué manera hasta que entras en LinkedIn y ves que tu perfil todavía referencia a tu antigua empresa. Pero llevas 4 meses fuera de ella. Parece que fuera ayer. Pero lo sientes como si hubieran pasado 4 años.

El tiempo se percibe de manera muy rara cuando no piensas en él. Los días pasan volando. Las semanas se hacen eternas. Todavía martes. No te das cuenta y, de repente, viernes. Sábado, domingo. Pum. Lunes. Vuelta a la rueda. Y completas otro ciclo. Y otro. Y otro más. Y ya han pasado 4 meses. Dejas atrás una familia porque ahora tienes una nueva. Se siente extraño. El primer mes no echas de menos a la vieja. ¿Y qué dice eso de la relación que tenías con toda esa gente? Pasa otro mes y tampoco. Al cuarto empiezas a notar algo de nostalgia. Pero no tanto como creías. Joe, ¿importa tan poco el tiempo que has pasado con ellos?

Pasé 10 años en mi antigua empresa. Son dos dígitos. Pongámoslo en letras: diez. Cuatro letras, siguen siendo pocas. Venga, en días. 3650 aproximadamente. Tres mil seiscientos. Empieza a sonar mucho. Lo digo en voz alta. No parece suficiente. Una década. Suena a bastante.

Un tercio de mi vida.

Ahora sí suena grande. Pasé un tercio de mi vida formando parte de un equipo. Empecé mi vida laboral en un buen sitio. Crecí con ella y la hice crecer. Me sentía parte importante del corazón de esa empresa. Aprendimos muchísimo todos con todos. No había política de contratar, sino formar, así que todo lo aprendimos nosotros mismos. Lo pienso según lo escribo y se me cae una lagrimilla de orgullo. Éramos jodidamente buenos, pero desde dentro de una burbuja no ves como está el paisaje ahí fuera, así que no lo sabíamos.

Como hace con todo, el tiempo lo estropea. No sé si a los demás o a uno mismo, pero lo estropea. Eran muchos años haciendo lo mismo y el cuerpo se resiente. Llega el estancamiento y convierte la vida en rutina. Y la rutina es una especie de muerte lenta. Llevaba ya mucho tiempo pensando en que necesitaba un cambio. Tuve la suerte de poder cambiar, y cambié.

Me sumergí en un caos. Con ilusión y miedo a partes iguales. No sabía donde me metía, no sabía si era lo suficientemente bueno. Lo era pero tenía que demostrármelo. He pasado estrés y cabreos. Muchos. He vuelto a aprender y a enseñar. Pero sobre todo:

He pasado 4 meses.

Y me cuesta recordar el tercio de vida que me dejé en mi antigua empresa. Me cuesta tanto recordarlo que todo esto viene porque la he visto al entrar en LinkedIn. He aprovechado para actualizarlo. Siento como que he empujado un poco de mi pasado un poco más al pasado.

El tiempo fuga. Y pienso que si sigue fugando tan rápido, cada vez más rápido, dentro de 10 años quizás todo esto también dé exactamente igual.

Sergio Moratilla